dimarts, 20 de desembre de 2016

hiper


SFG, 12.16

[...] Por eso, tomar las emociones como criterio último, abdicando de someterlas a consideración crítica alguna [...] no deja de ser una forma de renunciar a la soberanía sobre nuestra propia vida.
De la misma forma que la fantasía hiperracionalista de tenerlas por completo bajo nuestro control o, peor aún, reducirlas a su grado cero, a la mínima expresión, no hace en el fondo sino delatar el miedo a que una determinada emoción pueda iluminar una  parte de nosotros mismos que preferimos que no quede a la vista. Ni de nosotros ni de nadie, por supuesto. 

M. Cruz, "Los sentimientos y el color de la luz", El País, 18.12.16