dilluns, 10 de març de 2014

Opcions I: RIURE



"Me llamo John Pechman, me contestó muy serio y parodiándome, tengo más de noventa años y fui concebido en el hotel Rebret de Decatur, Illionois. Nací en el Hospital Presbiteriano de aquella ciudad y me crié en Brooklyn, Nueva York. Jugué al beisbol en Central Park y conocí a mi secretaria, luego primera esposa, en uno de esos cotillones inagotables que había antes en el Waldorf. Estuve cuatro años con Ruth. Y ella, justo ya hacia el final de nuestro matrimonio, me acompañó a Hollywood cuando me encargaron trabajar en el dichoso guión de esa película. ¿Cómo no voy a acordarme de Tres camaradas si mientras trabajaba en ella mi mujer me abandonó?
Vaya, créame que lo siento, las mujeres son como la ayahuasca, le dije. Y ni yo sabía lo que significaba la frase, pero es que no sabia qué decirle y ni siquiera si era mejor que le hablara. No te preocupes por nada, todo eso ya pasó, me hizo saber él. Pues en ese caso no voy a preocuparme, dije. Después, tras esperar en vano que me preguntara qué era la ayahuasca, fui directo al asunto que me había llevado hasta allí. Tiene tanta memoria, pensé, que es capaz de acordarse del dato que ando buscando. Cuando oscurece, siempre necesitamos a alguien, dije. Él repitió la frase dos veces. Una y otra vez, muy lentamente. Y después comentó que el último paso de la razón consiste en reconocer que hay una infinidad de cosas que la sobrepasan. No le entiendo, dije, o tal vez habla usted así porque le sobrepasa algo en estos momentos. La frase, contestó. No entiendo, dije. Que es la frase la que me sobrepasa, me aclaró. Y qué le ocurre a esta, pregunté, aunque no sabía si él estaba hablando de mi frase o de la suya. Nada, dijo, solo que la había olvidado y ahora la recuerdo. Y la enunció lentamente en voz alta: Cuando oscurece, siempre necesitamos a  alguien.[...]"


Enrique VILA-MATAS, Aire de Dylan, Ed. Seix Barral, 2012

  
flor de marge, 
Sant Feliu de Guíxols,
març14